Ciento volando de catorce (Reseña) Joaquín Sabina

Ciento volando de catorce (Portada) Ciento volando de catorce (Portada)

“El mundo de Joaquín es real y matizado porque surge de la melancolía para desembocar en los impulsos irónicos. El vitalismo de sus consignas procura darle la vuelta a los relojes y a las palabras. Cuando camina, lo mismo que cuando baila, no hace otra cosa que soñar con los pies, perseguir en los horizontes de la lentitud un argumento seductor para la defender la prisa.

Y Joaquín resulta convincente porque su mundo personal es fruto de una experiencia colectiva, recuerdo de unos años en los que había que correr para escapar de la mediocridad, la sopa triste, la moral de las mesas de camilla y los argumentos asumidos a golpe secreto de renuncias personales.”

Los poetas y los cantantes son poco partidarios de las realidades previsibles, quizás porque nada es menos previsible que la realidad. La moral del pájaro en mano, de al pan, pan, y al vino, vino, puede ser un buen medio para hacer negocios a costa de los demás, incluso un método para ahorrar en la factura de las decepciones y los fracasos, pero nunca un modo de conocer la realidad, siempre llena de matices, de arenas movedizas, de sentimientos inevitables y contradictorios, de imaginaciones y miradas inquisitivas. La obviedad es el disfraz de la mentira, la negación de las preguntas deseables. Tampoco se trata de acomodarse en la retórica de los sentimientos absurdos, tan facil y previsible como las certezas utilitarias de los ahorradores espirituales.