Los placeres y los días (Reseña) Marcel Proust

Los placeres y los días (Portada) Los placeres y los días (Portada)

Los placeres y los días (Les Plaisirs et les Jours en francés) es un libro del escritor Marcel Proust, que fue publicado por el propio autor en 1896. Consiste en una recopilación de breves narraciones (relatos, pinceladas, poemas, y reflexiones), con cierta influencia decadentista, que redactó entre sus veinte y veintitrés años. Se trata de su primera publicación. El título es una reformulación de Los trabajos y los días, obra de Hesíodo, con un componente decadentista en la sustitución de trabajos por placeres.

Al lado del mundo de la Belle Époque, ese fin del siglo XIX produjo una literatura que tenía en la belleza de la palabra y en un mundo de vaguedades y personajes etéreos sus mejores logros. El joven Marcel Proust se incorpora a la literatura precisamente en ese momento y acoge ese afán sutil por la belleza en Los placeres y los días, su primer libro, en el que, por debajo del «cestillo de flores» que quiere ser, aparecen soterrados los temas que iban a convertir su narración mayor, A la busca del tiempo perdido, en la gran novela del siglo XX. En los relatos, poemas y prosas poéticas que forman Los placeres y los días, surgen aquí y allá esos temas: desde el cálido beso de la madre hasta la idea de culpa por una sexualidad que no se adapta a las normas sociales, pasando por la fina ironía con que el autor contempla el mundo aristocrático que le rodea, en el que aspira a insertarse, y del que en A la busca del tiempo perdido se convertirá en el crítico más acerado.

Los placeres y los días se acompaña en esta edición de varios relatos y prosas pertenecientes a esa etapa inicial de Proust, unos publicados en revistas, otros olvidados por su autor, que en su mayoría nunca hasta ahora se habían traducido al español; fueron «olvidados» por distintos motivos, pero, sobre todo, porque la excesiva «claridad» a la hora de exponer amores condenados o culpabilidades criminales obligó a un Proust joven a guardar bajo llave lo que podía escandalizar y lo que terminó estallando en A la busca del tiempo perdido.