Los libros condenados (Reseña) Jacques Bergier

Los libros condenados (Portada) Los libros condenados (Portada)

Los libros condenados es una obra de redacción acelerada hasta el punto de hacer evidente que está escrita deprisa y corriendo para llegar pronto a las estanterías y sacarse unos dineros. En ella Bergier habla de una serie de libros desaparecidos a lo largo de la historia (y de dudosa existencia, añado) para establecer la existencia de una conspiración centenaria llevada a cabo por los que bautiza como Hombres de Negro. Esto es muy divertido porque luego a penas los cita ni habla de ellos.

De hecho, cualquier razonamiento lógico o demostrable brilla por su ausencia y su argumento más recurrido es que a él le parece creíble. Y hablamos de alguien que cuando aparece el tema de un supuesto poder de invisibilidad custodiado por los miembros de la Orden de la Golden Dawn lo justifica diciendo que él no tiene nada que objetar a que eso sea posible. Y ya está. Eso sí, subraya un par de veces que el Necronomicón no existe como si eso fuera la prueba de que el resto sí.

Sus páginas parten de una hipótesis de trabajo muy interesante: que existe una conspiración, un ocultamiento deliberado de cierto tipo de saber por parte del poder establecido. Este saber es antiguo, más antiguo que el hombre, quizá, y se manifiesta, cifrado y encriptado, en algunos mitos estremecedores y en libros prodigiosos que han sido cuidadosamente quemados a lo largo de la historia.

Entre ellos figura El Manuscrito Voynich, el aberrante Excalibur, cuya lectura conduce a la locura, y otros menos conocidos, pero igualmente signados por el olvido intencional de los sabios. Jacques Bergier alude a esta cofradía de censores cósmicos como los Hombres de Negro, cuya disposición sobre el planeta se extiende desde los albores de la humanidad, impidiendo la difusión de conocimientos potencialmente peligrosos para ser revelados en una progresión acelerada.